
Me hace muy feliz compartir los detalles de mi primera experiencia a través de "Soul Vibes Association" como guía junto a mi primer viajero. Juntos nos desplazamos hasta Tioughza para disfrutar de una estancia de tres noches con una entrañable familia marroquí compuesta por los padres y sus tres hijos. Ubicada en la provincia de Sidi Ifni, en las estribaciones del Anti-Atlas, Tioughza es una localidad de profunda tradición bereber que históricamente ha girado en torno a su mercado semanal y a la vida rural. Hoy en día, el pueblo mantiene intacto ese carácter auténtico y sosegado, al margen de los circuitos turísticos masivos, lo que permite sumergirse de un modo único en la cotidianidad de Marruecos. Desde el primer instante, sus anfitriones nos acogieron con una generosidad desbordante. Además, el hecho de que dos de los hijos dominen el español a la perfección convirtió la convivencia en una experiencia sumamente fluida, enriquecedora e inolvidable.
Durante estos tres días hemos podido compartir mucho más que un alojamiento: hemos vivido con ellos pequeñas escenas de su día a día y hemos aprendido de sus costumbres y tradiciones. Juntos hemos preparado pan, hemos cocinado un delicioso tajín de cabra y couscous y, cada día, hemos disfrutado de un momento muy especial en el hamam familiar que el propio padre construyó en la casa. Son precisamente estos momentos sencillos, alrededor de la cocina, la conversación y las costumbres familiares, los que hacen que un viaje se convierta en una verdadera experiencia de intercambio cultural. La zona del Anti-Atlas, además, ofrece un paisaje de montañas, valles y espacios rurales donde todavía se percibe con fuerza la relación entre las comunidades y su entorno.
Y como esta experiencia también nos ha permitido descubrir otros rincones de la región, hemos tenido tiempo para visitar Agadir y contemplar una preciosa puesta de sol desde la playa, además de recorrer el zoco y conocer la mezquita principal de la ciudad. Para poner el broche final a nuestra estancia, nos hemos relajado en un riad junto a la playa de Douira, disfrutando de la tranquilidad, el océano y de ese contraste maravilloso entre el paisaje costero y los paisajes del interior. La riqueza de esta zona reside precisamente en esa diversidad: cultura bereber, gastronomía, hospitalidad, montaña, mercados tradicionales y costa atlántica se unen para ofrecer una forma de viajar mucho más cercana y auténtica. Ha sido, sin duda, una experiencia preciosa que nos llevamos con nosotros y que demuestra que, muchas veces, los mejores recuerdos de un viaje nacen de compartir la vida cotidiana con las personas que nos abren las puertas de su hogar.

¡¡ TE ESPERO EN MI PRÓXIMO VIAJE ORGANIZADO !!